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Biofilia Contemporánea
Cascada de cuatro bandejas que son a la vez jardineras
Cada una de estas cuatro bandejas de piedra hace dos cosas al mismo tiempo: sostiene tierra y vierte agua. Es lo que hace la pieza interesante y también lo que la complica, porque sustrato y circuito tienen que convivir sin mezclarse. Las bandejas suben hacia el mismo lado que la escalera contigua, cada una lleva su tira de luz bajo el labio y las plantas caen por el canto tapando el frente de piedra. Abajo, un parterre curvo de canto negro recoge lo que salpican cuatro saltos.
Cuatro bandejas de piedra en voladizo escalonadas, que hacen a la vez de jardinera y de vertedero.
Cada bandeja lleva una tira LED bajo el labio, que ilumina la cortina de agua desde detrás.
Los saltos suben hacia el mismo lado que la escalera contigua, repitiendo una diagonal que ya existe en la casa.
Plantas cayendo por el canto de cada bandeja, que tapan el frente de piedra y suavizan el escalonado.
Pino formado en cuenco oscuro coronando la pieza, único elemento que no es ni agua ni masa verde.
Parterre curvo a los pies con canto negro y anturios, que recoge la salpicadura de los cuatro saltos.
Muebles y decoración de este diseño
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Sustrato mineral tipo arlita para jardinera integrada
Árido ligero de arcilla expandida, picón o puzolana, para sustituir la tierra en una jardinera que convive con agua corriente. No se deshace ni enturbia, drena de inmediato y no aporta materia orgánica, que es lo que alimenta las algas del circuito. A cambio no tiene nutrientes, así que hay que abonar con fertilizante líquido muy diluido y con más frecuencia que en tierra.
Anthurium de espata roja o blanca, la planta que pone el color en este conjunto. Es de las pocas de flor que aguantan en interior con poca luz directa, y además agradece el ambiente húmedo de una fuente. Lo que no tolera es el encharcamiento en la raíz: quiere sustrato muy aireado y regar cuando la capa superior está seca, no por calendario, o el cuello se pudre sin avisar.
Cartucho de resina y varilla de acero para fijar piezas pesadas en voladizo sobre hormigón o ladrillo macizo. Es lo que hay que usar cuando la carga trabaja a tracción y a palanca, como una bandeja de piedra con sustrato mojado: un taco de expansión corriente no vale ahí. Conviene leer el tiempo de curado de la ficha y respetarlo, porque cargar antes de tiempo es el fallo más habitual con este sistema.
Maceta baja y ancha de cerámica mate, del tipo que se usa para árbol formado. El color oscuro y el acabado mate son los que dejan que se vea el árbol y no el recipiente, que es la función que tiene aquí coronando la pieza. Hay que comprobar que traiga agujeros de drenaje y de sujeción del alambre: sin ellos, un cuenco de bonsái es solo una fuente decorativa.
Bromelia de roseta con bráctea de color, que dura meses y no depende de floración. Es una planta epífita: en la naturaleza vive sobre otras plantas, así que quiere sustrato muy suelto y poca tierra, lo que encaja bien en una jardinera mineral. Se riega dentro de la roseta y no en el sustrato, renovando el agua cada pocas semanas para que no se pudra el centro.
La jardinera y el canal de agua tienen que ser dos cajones distintos dentro de la misma pieza. Si comparten fondo, el sustrato acaba en el circuito en cuestión de días y la primera que se entera es la bomba.
En una jardinera integrada en el circuito, el sustrato va mineral: arlita, picón o puzolana en lugar de tierra. No se deshace con el agua corriente y no aporta materia orgánica, que es lo que pone el agua verde al cabo de dos semanas.
Antes de decidir cuántos saltos tiene la pieza, comprueba si se llega al de arriba. Cada labio se calcifica por su cuenta y hay que poder limpiarlo con la mano: un cuarto salto a dos metros y medio convierte una limpieza de diez minutos en sacar la escalera.
Los saltos suben hacia el mismo lado que la escalera de al lado, no en contra. Repetir una dirección que ya existe hace que la pieza parezca parte de la casa; invertirla habría dejado dos diagonales cruzadas en la misma pared.
El parterre del suelo no es solo decoración: es lo que recoge la salpicadura de cuatro saltos seguidos. Conviene que sobresalga por delante del último labio bastante más de lo que parece necesario, porque el agua que cae desde arriba rebota hacia fuera.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se combina una jardinera con una cascada sin que la tierra acabe en el agua?
Separándolas físicamente. Dentro de cada bandeja tiene que haber dos compartimentos: el de plantación, cerrado y con su propio drenaje, y el canal de agua que vierte al siguiente salto. Si se dejan comunicados, el riego arrastra partículas al circuito y la bomba empieza a atascarse en días. Aun con separación conviene una malla filtrante en el punto de rebose y un prefiltro de esponja en la aspiración, porque por mucho cuidado que se ponga siempre acaba pasando algo de hoja y de sustrato fino.
¿Se puede montar una cascada así sobre una pared ya terminada?
No de verdad. Lo que se ve son bandejas en voladizo, pero por detrás hay tubería de impulsión subiendo hasta el salto más alto, cableado para cuatro tiras de luz y anclajes que tienen que llegar a un soporte estructural, no al revestimiento. Todo eso va dentro de un trasdosado que se levanta delante de la pared existente, así que hay que decidirlo antes de cualquier acabado y contar con perder unos centímetros de estancia. Sobre una pared ya pintada, lo único que se puede añadir sin obra es una fuente exenta apoyada delante.
¿Cómo se riegan las plantas de una jardinera que está sobre una cascada?
Ahí está la trampa: si el compartimento está comunicado con el circuito, no se riegan, se inundan. Reciben agua todo el tiempo que la bomba esté encendida, y eso solo lo toleran especies de ribera con la raíz permanentemente saturada, como el papiro o el acorus. Para poder plantar helechos, anturios o filodendros —que quieren humedad pero no encharcamiento— el compartimento tiene que estar aislado y regarse a mano como cualquier maceta, aprovechando que el ambiente de la cascada ya les da la humedad del aire.
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