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Contemporáneo Mineral
Rincón de agua con lecho de canto de varios calibres
Lo que hace que este rincón no parezca un parterre de grava es que las piedras no son todas iguales. Hay bolos grandes sueltos, tamaños intermedios y árido fino rellenando entre medias, que es exactamente como se ordena una piedra el agua cuando lleva años pasando por encima. La pila de la cascada termina justo donde empieza el canto, así que el ojo lee las dos cosas como una sola: el agua que cae y el cauce seco por el que se habría ido.
Lecho secoCanto rodadoCalibres mezcladosEscupidor de paredFachada de maderaFarol de exteriorEncuentro de pavimentosCéspedPorcelánicoPatio nocturno
Claves del diseño
Lecho de canto con varios calibres mezclados, los bolos grandes repartidos sueltos sobre el árido pequeño.
El lecho arranca justo donde termina la pila, de modo que parece la continuación del agua que cae.
Escupidor embutido en el paño de madera, con la pila volando desde el muro y sin apoyo visible contra el suelo.
Dos faroles montados a distinta altura sobre la madera, siguiendo la inclinación del despiece de las tablas.
Tres pavimentos en el mismo encuadre —porcelánico, canto y césped— resueltos con tres alturas distintas.
Gramíneas bajas plantadas en el borde del canto, que es justo donde tapan la línea de encuentro con el césped.
Muebles y decoración de este diseño
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Rastrillo de dientes anchos para grava
Rastrillo con las púas muy separadas, que es el que sirve en un lecho de canto: pasa entre las piedras arrastrando la hoja sin llevarse el árido por delante. Un rastrillo de jardín normal, de púas juntas, hace lo contrario y deja el lecho revuelto. Conviene el de cabezal ancho y mango largo, porque en una superficie de piedra se trabaja de pie y tirando hacia uno, no agachado.
La herramienta que de verdad resuelve un lecho de canto, porque saca la hoja de entre las piedras sin mover el árido si se trabaja con el chorro en diagonal y no de frente. Con la potencia al máximo y apuntando hacia abajo pasa lo contrario: se levanta el material fino y queda un claro. Para un patio, un modelo de batería de gama media sobra, y conviene que tenga regulación de velocidad justamente por esto.
Tabla machihembrada para forrar un paño exterior, que es lo que aquí hace de fondo de la cascada. Hay que montarla sobre rastreles dejando cámara ventilada por detrás, nunca pegada al muro, y con el agua de por medio conviene que la primera tabla no llegue a tocar el suelo. Si el paño va a recibir salpicadura constante, la madera termotratada o el composite aguantan mucho mejor que un pino tratado corriente.
Farol de pared con estructura vista y cristal en las cuatro caras, que reparte luz en todas direcciones en lugar de proyectarla contra el muro. Sobre un paño de madera conviene montarlos por pares y a distinta altura, siguiendo la línea del despiece, porque alineados a la misma cota compiten con las juntas horizontales. Mira el grado IP y, si el paño recibe salpicadura de una fuente, que sea al menos IP44.
Maceta de gran formato en hormigón o en fibrocemento, que es la que aguanta el peso de una planta de hoja grande sin volcar con el viento. La diferencia práctica está en el material: el hormigón macizo pesa tanto que una vez colocado no se mueve, y el fibrocemento imita el acabado pesando una fracción, que es lo que conviene si va sobre una losa o si se piensa cambiar de sitio. En los dos casos hay que comprobar que traiga agujero de drenaje.
Mezclar calibres no significa repartirlos a partes iguales. Los bolos grandes tienen que ser minoría —del orden de un diez o quince por ciento de la superficie— y el resto, tamaños medios y árido fino. Con demasiada piedra grande aquello deja de leerse como un cauce y se convierte en un montón de piedras, además de que no hay por dónde pisar.
Los bolos no se apoyan encima del canto, se entierran un tercio. Colocados por encima se ven puestos y además se mueven al pisarlos; medio hundidos parecen haber llegado solos y se quedan quietos, que es lo que se busca con este tipo de lecho.
Reparte los bolos en grupos y no a distancias iguales. Dos o tres juntos y luego un tramo de árido limpio es como se agrupan de verdad en un cauce; en fila y equidistantes se nota la mano enseguida y deja de parecer natural.
El canto tiene que quedar dos o tres centímetros por debajo del enlosado. A la misma altura la piedra salta al pavimento en cuanto llueve o se pisa el borde, y acabas barriendo canto de la terraza cada semana.
Antes de decidirte, cuenta los árboles que hay alrededor. Un lecho de canto bajo un árbol de hoja caduca es de las superficies más incómodas de limpiar que existen, porque la hoja se cuela entre las piedras y no hay escoba que la saque.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se mezclan varios tamaños de canto en un lecho seco?
Porque un calibre único se lee como un material de obra y no como un cauce. En un río la piedra se ordena sola por peso: los bolos grandes se quedan donde el agua pierde fuerza y el árido fino rellena alrededor, así que un lecho con tres o cuatro tamaños distintos resulta creíble y uno con todas las piedras iguales parece una franja de grava decorativa. La proporción importa tanto como la mezcla. Una repartición que funciona es dejar los bolos grandes en torno al diez o quince por ciento de la superficie, un veinte o treinta por ciento de tamaño medio y el resto árido fino, que es el que de verdad cubre el suelo y el que da la sensación de fondo continuo.
¿Se hunden las piedras grandes en un lecho de canto?
Con el tiempo sí, y además el árido fino se lava hacia las zonas bajas con cada lluvia, con lo que el lecho tiende a igualarse y a perder relieve. Hay tres cosas que lo retrasan. La primera es enterrar los bolos desde el principio en lugar de apoyarlos, porque una piedra ya asentada no tiene por dónde bajar. La segunda es una base compactada bajo el árido, que reparte la carga y evita que cada bolo se abra su propio hueco. La tercera es asumir que el árido fino es consumible: cada tres o cuatro años hay que reponer unos sacos, sobre todo en las zonas por las que se pasa. La malla antihierbas ayuda con la hierba pero no impide el asentamiento.
¿Cómo se resuelve el encuentro entre césped, canto y enlosado?
Con tres alturas distintas, y el enlosado manda. El pavimento es la cota de referencia y se deja arriba; el canto va dos o tres centímetros por debajo, para que la piedra no se suba a las losas; y el césped queda a la altura del canto o ligeramente por debajo. Entre césped y canto hace falta además una separación física enterrada, porque la hierba pasa por debajo de cualquier borde apoyado y sale entre las piedras al año siguiente. Un detalle que se olvida: ese separador tiene que quedar a ras del césped o un poco hundido, no sobresaliendo, o el cortacésped tropieza con él en cada pasada.
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